domingo, 7 de agosto de 2011

Final

libro Un día contaré tu historia por completo. Fue tanto  y tan intenso lo vivido que guardarlo solo para mi  me resulta un sacrilegio. Quizás este post  escondido en un blog que nadie lee algún día te  parezca una carta de despedida, de esas que se  escriben las personas cuando dejan la vida en las  palabras, cuando se acaba aquello que fue todo y  nada, que invadió el territorio agreste de los  sentimientos y las mentes para quedarse para  siempre: Un amor de otro siglo.

La escribiré sí, lo haré. Quizás contaré la noche  aquella en que llovía y nos mojamos aunque  teníamos paraguas, la lluvia para entonces era  buena y caminar descalzos por la calle nos parecía  buena idea. También -por qué no- relataré esa  tarde en que cocinamos espagueti y lo comimos en  tu cuerpo, o aquella madrugada en que te rescaté  de una fiesta llena de gente con corbata para  llevarte a ver la luna; o cuando tuvimos que pasar  toda la Orellana para rescatar un gato.

Tengo que contarlo, fue tanto lo que diste y tanto  lo que di que no sé si alcancen las palabras. Te  retrataré delgada, con ese pelo lacio largo y  crepuscular que parecía prolongarse hasta el  delirio; ese labio fino que al principio odié y  después no me importó, esa oreja con su lóbulo  glorioso y chillador, aquellas manos que tienen  algo, aquellos senos pequeños, esa voz casi tiple  que nunca creció. Talvez guarde el secreto de  aquel lugar donde solo podía entrar cuando te  vencía o cuando me dejabas.

Hablaré de esa canción de Sanz que nos hacía suspirar, o de  Thom Yorke cantando "nude" mientras hacíamos el amor. Seguro diré que fuiste la mejor alumna que he tenido en cuanto a música y arte. Diré que te amé con gatos y sin ellos, con mascarillas de aguacate y sin ellas. Con tacos y sin ellos.

Lo único que no sé es qué contaré al final, si seré fiel a esta realidad triste que supone este rompimiento, o inventaré uno donde no tenga que escribir este post. O inventaré uno donde no exista un final.

jueves, 9 de junio de 2011

Diferencias irreconciliables

A medida que pasa el tiempo uno va adquiriendo ciertos conocimientos que le permiten ver la vida de diferente manera. La experiencia que más hondo se graba es aquella que nos marcó y que nos cambia de alguna forma la vida.

Guardo cuadernos con notas desde los 15 años, tiempo en los que escribía poemas, canciones y cualquier otra cosa que se me ocurría. He revisado uno de ellos y he encontrado un rezago de lo que fui y no alcanzo a comprender como es que la vida, con todo y los golpes que nos dio, no mató mi esperanza hasta ahora, la esperanza de volver a ver junta a mi familia como en los viejos tiempos cuando nos reuníamos torno al tv, con mi padre en el mueble grande y mi hermano menor en sus piernas, mi hermana con mi madre y los mayores, por ahí cerca. Eran tiempos de novela brasileña después del noticiero.

Parecíamos felices y yo me quedé con esos días. Luego, cuando la familia se desintegró, me sobrevino la esperanza como un consuelo casi inconsciente, insospechado. NO sabía que esa esperanza estaba tan arraigada dentro de mí, yo mismo no la creí tan grande hasta ahora, que de repente me despierto y comprendo que todo ha cambiado, que mi madre es una mujer como cualquier otra y que mi padre es como los demás. Han caído los ídolos de barro.

¿Hay culpables? sí, todos lo somos, unos más que otros. Nuestro principal error fue la falta de paciencia y de empatía. Pero no hay que echarse a llorar, solo nos queda echar pa’lante cada quien como puede, desde la trinchera que le toca, forjando su propio camino, a la espera que un día, si la vida es un poco compasiva, nos vuelva a juntar a los 4 hermanos y al menos por un instante volver a ver las cosas de otra forma.

No paran de venirme las tristezas, pero no me quejo. Saldré adelante, solo es cuestión de tiempo. Gracias señor por las lecciones.

27/11/2010    00:33